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La Caza de Brujas se escribe con mayúscula

Revolución Francesa, Primera y Segunda Guerra Mundial, la Edad Media, la Edad Contemporánea… todos estos eventos históricos se escriben con mayúscula y se estudian en la asignatura de Historia una y otra y otra vez. Cada país tiene además un periodo con el que está obsesionado: en Alemania son las dos Guerras Mundiales por razones más que obvias, y en España es el medievo, quizá por ser nuestra época supuestamente gloriosa, con infinidad de reyes, invasiones de unos a otros y de otros a unos y su culminación con la invasión de América. Pero, como se dice, la Historia -la oficial que va con mayúscula- la cuentan los vencedores. Los perdedores se ven relegados a los márgenes, ven sus voces silenciadas, parodiadas o tergiversadas, o en el peor de los casos, se les suprime completamente de la Historia. Los eventos importantes para ellos quedan registrados, con suerte, en minúscula. La Caza de Brujas se considera primordialmente historia de las mujeres, si es que se considera historia en absoluto. Se estudia en clase si tienes la suerte de tener una profesora feminista; si no, queda como una nota al pie y da gracias. De ahí que la Caza de Brujas se escriba habitualmente así: caza de brujas. Sin embargo, las mujeres somos más del 50% de la población mundial y formamos parte de la Historia. Más que les pese a algunos, sin los cuidados de las mujeres no hubieran sido posibles esas guerras que tanto estudiamos en Historia. Tampoco los genios hubieran podido serlo si se hubieran tenido que encargar de cocinar, limpiar y cuidar a los niños. Eso sin contar con las numerosas mujeres que, a pesar de tener a la sociedad y sus costumbres en contra, lograron hacer su aportación en los campos masculinos.


Suponiendo que la Caza de Brujas solo hubiese tenido consecuencias para las mujeres -cosa que es imposible porque vivimos inmersas en la sociedad y, por tanto, lo que nos afecta a nosotras afecta a los hombres también, para bien o para mal- y merece también un espacio en la Historia general.

La Caza de Brujas es un evento histórico de extrema relevancia y por eso, para mí, es importante que se escriba con mayúsculas. Fue un punto de inflexión para llegar a donde estamos hoy en día, un mundo patriarcal y capitalista. Estos dos sistemas de opresión, como sabemos, se dan la mano desde sus inicios. ¿Por qué es la Caza de Brujas tan importante? Veamos.


*Disclaimer: en todo momento estoy hablando de la Caza de Brujas que tuvo lugar en Europa y Norteamérica durante la Edad Moderna. Por desgracia, sigue habiendo muchos lugares del mundo donde aun se persigue a personas acusadas de brujería, aunque las razones para esta persecución varían de lugar a lugar.


Mitos sobre la Caza de Brujas


La gente suele pensar que la Caza de Brujas fue un evento trágico fruto de la histeria colectiva de personas conservadoras. Sin embargo, esta idea pronto queda invalidada con un poco de investigación.

La Caza de Brujas sucedió en la Edad Moderna -no en la Edad Media, como se suele creer-, época del raciocinio y el agnosticismo. Fue tremendamente sistemática, con lo cual no pudo ser a consecuencia de la histeria. Hubo juicios, normas, procedimientos establecidos para la detección y la condena de las “brujas”. Se crearon oficios alrededor del asesinato sistemático de mujeres -y algunos hombres-: los cazadores de brujas podían ganarse la vida detectando a estas presuntas malvadas mujeres y viajando de pueblo en pueblo para ello.



Además, la Caza de Brujas no fue orquestada por la Iglesia, aunque esta también formó parte de su promoción y las personas que se consideraban herejes fueron perseguidas como brujas. Fue el Estado (el de cada país) el que fomentó el asesinato de las ciudadanas que no seguían los nuevos preceptos sociales para ellas o que se enfrentaban al poder: la mayor Caza de Brujas se dio en Alemania, no en la España de la Inquisición. Aunque las excusas para asesinar a estas mujeres fueran de índole religiosa -se las acusaba de bailar y acostarse con el Diablo, o de participar en cultos paganos, entre otras cosas- las razones de base para su persecución eran políticas, como veremos en el siguiente apartado.


¿Por qué hubo una Caza de Brujas?


*Es difícil determinar con absoluta precisión las causas para todo evento histórico relegado a un segundo plano de la Historia. Sin embargo, ha habido varias investigaciones feministas en el caso de la Caza de Brujas de Europa que nos ayudan a arrojar luz sobre lo sucedido.


No creo que nadie vea el feudalismo como un sistema económico justo. Obviamente, la explotación de los campesinos era tremenda, los diezmos y los impuestos sobre la tierra muchas veces abusivos e impagables. Sin embargo, durante la Edad Media existían un tipo de tierras que permitían, al menos, que los campesinos no se murieran de hambre si caían en desgracia o tenían que pagarle a su noble todo lo que habían logrado cultivar en los campos que les alquilaban: las tierras comunales.


Las tierras comunales no eran más que campos que pertenecían a todos y a nadie. Ahí los campesinos plantaban y recogían lo que podían sin tener que pagarle a nadie. Cuando las cosas se ponían difíciles, siempre les quedaban esas tierras para alimentarse. Esto generaba un equilibrio muy precario que con la llegada del capitalismo en la Edad Moderna se desbalanceó. Bajo el capitalismo todo es aprovechable para sacar rédito económico: la existencia de tierras gratis para los más pobres era un sinsentido. En primer lugar, todo metro cuadrado podía (y debía) ser utilizado para ganar dinero. Pero, y esto era quizá lo más importante, las tierras comunales hacían que los campesinos pudieran permitirse el lujo de tener estándares de empleabilidad. Puesto que no se iban a morir de hambre si no tenían trabajo asalariado, podían protestar, exigir sueldos más altos y, en el caso de que el jefe no quisiera ceder, sencillamente negarse a trabajar para él. Permitía, además, que las mujeres que no tenían un hombre que proveyese para ellas sobrevivieran de los cultivos de las tierras comunales. El sistema capitalista no funciona si hay huelgas constantes y la mayoría se niega a trabajar.


En el sistema feudal, si las tierras no se araban quienes perdían eran los campesinos, porque ellos pagaban el alquiler de esas tierras a las clases pudientes. Con lo que extrajesen de ellas debían pagar sus impuestos y subsistir ellos mismos. Sin embargo, con el sistema capitalista eran los terratenientes los que perdían dinero cada día que sus tierras quedaban sin arar o sin cultivar, puesto que ellos obtendrían el producto de esas tierras para vender, y los campesinos eran solo mano de obra asalariada. Ahora que eran los burgueses los que perdían beneficio, algo debían hacer para asegurarse la óptima explotación de sus tierras con el mayor éxito económico posible.



Las ancianas (y las mujeres en general) eran uno de los grupos de población que más usaba esas tierras comunales. Las mujeres apenas tenían derecho a trabajar, por lo que, si eran viudas o solteras, debían subsistir a base de actividades en los márgenes, las tierras comunales y la caridad del vecindario. Estas mujeres, sin embargo, eran consideradas con respeto por el resto de su clase y simbolizaban la unidad de los campesinos. Cuando los terratenientes intentaron arrancarles las tierras comunales, ellas estuvieron al frente de las revueltas en contra de aquello. Si se las eliminaba o se ponía al resto de la población en su contra, reducirían la fuerza y cohesión de las revueltas. Por algo la imagen tradicional de una bruja es la de una mujer anciana.


La transición al capitalismo no es el único evento que caracteriza la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Al final del medievo Europa tenía unos serios problemas de población: la Peste Negra, los diferentes conflictos bélicos (como por ejemplo la Guerra de los Cien Años) y las hambrunas diezmaron la población notablemente.


Hasta ese momento el aborto había sido algo que no se veía con buenos ojos pero que no estaba excesivamente penalizado. Era una cuestión privada que se gestionaba entre la mujer embarazada y la matrona del lugar, una señora sabia que conocía remedios naturales para terminar el embarazo. Por lo tanto, si no te bajaba la regla y pensabas que podía ser por un embarazo, podías dirigirte a la matrona y que ella te guardara el secreto. Pobreza, enfermedad, relaciones extramaritales, riesgo de muerte… la embarazada podía tener infinidad de razones para no querer traer una nueva vida al mundo. No tenía, sin embargo, que justificarlas ante nadie.


Esta desregularización empezó a suponer un problema para el Estado cuando necesitó nueva mano de obra. La baja población no podía satisfacer las necesidades del nuevo mundo capitalista: necesitaban más personas a las que explotar. Sin embargo, dada la situación de secretismo y sororidad en la que se desarrollaban los abortos, iba a ser complicado obligar a las mujeres a parir. Así que las cosas cambiaron.


El aborto se ilegalizó entonces. Además, en paralelo, llegó la época de la Ilustración (que, visto lo visto, yo llamaría la época de las luces y las sombras): la religión comenzó a perder fuerza en favor del raciocinio y la sabiduría científica. Todo había que sistematizarlo y estudiarlo pero, claro, solo por hombres. La medicina, antes al alcance también de esas matronas y curanderas que ayudaban a la gente de su localidad, debía ser reinventada. Las curanderas tenían el conocimiento de centenares de años de práctica. Aunque no estuviera sistematizada ni fuera conocimiento “oficial”, funcionaba porque se había puesto a prueba. Los métodos no eran perfectos, pero eran los que todos conocían.


La sabiduría médica de los estudiosos de la universidad, por otro lado, era nueva y además bastante deficiente, como hemos sabido con los años. Aun así, debía ser implantada porque era parte de la estrategia de desempoderación del campesinado y en concreto de las ancianas que tantos dolores de cabeza le estaban dando a los terratenientes. Al prohibirles las prácticas tradicionales de curación y tacharlas de brujas, les robaban poder a las mujeres (desestimaban su conocimiento) y obligaban a todas las personas que necesitaran tratamiento médico a pasar por las manos de un hombre pudiente, aliado aunque fuese tácitamente con el Estado. Supongo que podéis imaginar qué dirían estos hombres si una mujer iba a ellos con la esperanza de abortar. Era necesario, pues insistir en que esas mujeres, ancianas o no, que practicaban medicina en sus casas eran brujas que hacían pociones que envenenaban a las vacas del vecino o conseguían que los hombres casados perdieran la cabeza por alguna joven. Dos pájaros de un tiro: se demonizaba a las mujeres que ostentaban alguna clase de poder en su comunidad y se eximía a los hombres de su responsabilidad cuando eran infieles o no sabían proveer para sus familias.


Analizando las verdaderas causas de la Caza de Brujas, explicadas en tremendo detalle en el libro Calibán y la bruja de Silvia Federicci, se ve muy claramente que la idea habitual de que fue la Iglesia y el miedo a los demonios la que causó la masacre de tantas mujeres es falsa. El Estado necesitaba acallar unas revueltas que no le interesaban y obtener mano de obra barata, y para ello era importante deslegitimar a las mujeres que tenían poder, aunque fuese mínimo. Eso se fue agrandando hasta que toda mujer era susceptible de ser acusada de bruja. Ya puestos, por qué no meterle miedo a todas para que los hombres pudieran disfrutar de todo el poder.


La importancia histórica de la Caza de Brujas


Como todo evento violento y represivo, la Caza de Brujas tuvo serias consecuencias en su época: como podemos ver el capitalismo se instauró para dar lugar a la eterna batalla de los trabajadores contra las condiciones explotadoras implantadas por la clase pudiente, que se agravan en momentos de crisis. Poco a poco, las empresas han cobrado más importancia que las personas que las sostienen. Junto con el capitalismo comenzaron otras tendencias de pensamiento que han dado lugar a una epidemia de soledad en el mundo contemporáneo: el neoliberalismo, y el individualismo que necesariamente lo acompaña, nos separan como sociedad y cada vez nos volvemos más débiles frente a un sistema al que solo le importa lo que producimos. A pesar de que el ser humano es un ser social, lo colectivo ha perdido importancia y hemos pasado a centrar nuestras vidas en nosotros mismos hasta un extremo que no resulta beneficioso.


Esta fragmentación se ve reflejada en la manera en que se practica la medicina hoy en día, consecuencia en parte también de la Caza de Brujas. El (presunto) conocimiento médico quedó en manos de los hombres exclusivamente, con la consecuente desempoderación de las mujeres que practicaban medicina y las pacientes. Podemos asumir que los problemas de las mujeres nunca han sido importantes, pero al menos antes de la Caza de Brujas podíamos ser atendidas por alguien de nuestro mismo sexo que comprendería sin demasiado esfuerzo las consecuencias de los mismos. Para cuando las mujeres fueron readmitidas en las práctica médica, la medicina ya había sido masculinizada y la salud femenina ignorada o trivializada. A día de hoy seguimos luchando lo que perdimos en la Caza de Brujas. El derecho al aborto no está garantizado en muchos lugares y siempre está reguladísimo y me atrevería a decir que mal visto, el dolor de las mujeres es minimizado, la violencia obstétrica es, por desgracia, muy normal. Esto tiene como consecuencia que muchas mujeres opten por la homeopatía o tratamientos de dudosa reputación, porque la medicina tradicional no les toma en serio. Ni que decir tiene lo peligroso para ellas que es esto.



Por otra parte, los médicos no suelen conocer a sus pacientes tan en profundidad como les conocerían antaño, de manera que hay mucha información útil para el entendimiento de su salud que se pierde. Además el cuerpo se ha visto durante siglos como partes separadas e independientes en lugar de un organismo holístico. Los tratamientos se han creado para paliar o curar síntomas y enfermedades como si estas surgieran siempre solo de un órgano, cuando esto a veces no es así. En consecuencia, la atención médica es en muchas ocasiones deficiente.

¿Cómo se va a tratar adecuadamente una migraña que surge, por ejemplo, de mala alimentación o estrés si solo se receta una pastilla para el dolor?

La transición al capitalismo y a una medicina masculinizada han tenido profundas consecuencias tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, es evidente que las mujeres perdimos más en la Caza de Brujas que los hombres, puesto que fuimos (y seguimos siendo en ciertas partes del mundo) el objetivo principal. Podríamos decir que la Caza de Brujas fue un genocidio en función de sexo, un exterminio sistemático de las mujeres. Estas mujeres eran muy diversas, pero a su vez muchas tenían unas cuantas características en común que sirvieron para crear la imagen de la bruja que conocemos de la cultura popular.


Seguro que ya la tienes en mente: una mujer anciana, deformada por la edad, en la que no queda ni un ápice de belleza. Su nariz ganchuda es símbolo de otro de los prejuicios de la época: el antisemitismo. Está sola; no tiene hijos ni marido - en otras palabras, es independiente y de alguna manera ha sobrevivido sin la intervención de un hombre. Esto, obviamente, no puede ser por ninguna otra razón que magia y brujería. El demonio es su marido, aquel que interviene para ayudarla a seguir adelante. Sin embargo, la cosa no se queda ahí. Muchas brujas están obsesionadas con la juventud: la desean tanto que están dispuestas a asesinar por ella a sus hijastras, o a niños que se pierden en el bosque; se bañan en la sangre de vírgenes y se transforman en bellas damiselas para seducir a los incautos que osan acercarse. En otras palabras, harían lo que fuese para conseguir la aprobación de un hombre. Son así de "desagradables" porque no la tienen.


Se las asocia con el bosque y la naturaleza; son, muchas veces, conocedoras de las plantas y sus usos para hacer pociones. Es decir, son curanderas, aunque muchas de las mujeres condenadas por brujería no lo eran en realidad. La palabra para bruja en alemán (Alemania fue el país donde mataron a más brujas), Hexe, proviene de la palabra Hecke, que denota una línea de setos que marca la linde de un terreno, y que en aquella época marcaba los límites del bosque. Muchas “brujas” recogían sus hierbas de ese lugar. Llevan gorros picudos que en la Edad Moderna simbolizaban al gremio de los cerveceros. Hacer cerveza era uno de los pocos trabajos que se les permitía a las mujeres, y por tanto, ahí se concentraba un número mayor de mujeres solteras que no requerían de un hombre para subsistir.


La herencia de la Caza de Brujas para la mujer moderna


En su libro Brujas: ¿Estigma o la fuerza invencible de las mujeres?, Mona Chollet explora la herencia que hemos recibido las mujeres contemporáneas de la Caza de Brujas.

Precisamente el retrato estereotípico de la malvada bruja resume en un personaje los miedos más profundos de las mujeres, enfatizados por siglos de socialización de género y violencia simbólica.

El miedo a envejecer, a convertirse “en una bruja”, se cimienta a través de la exigencia para las mujeres de ser siempre bellas. La obligatoriedad de la belleza está íntimamente vinculada con la idea de que las mujeres deben poner a los hombres en el centro de su vida: deben estar siempre al servicio de los hombres, y para ello, debido a la superficialidad de los mismos, deben ser siempre “atractivas”. Ser independientes de su validación nos haría peligrosas.



El conocido insulto “la loca de los gatos”, proveniente probablemente de la asociación de las brujas con los gatos negros, hace alusión a aquella mujer mayor que vive sola, rodeada solo de compañía felina. Se pretende con esto reforzar la idea de que estar sola, en otras palabras, ser independiente, es algo muy negativo para una mujer. Estar sola, por otra parte, no significa otra cosa que no tener hombres en tu vida: poco importa que una mujer tenga una red de amigas muy extensa. Si no tiene pareja o hijos estará catalogada como “sola” y, dependiendo de cómo viva esa supuesta soledad, será vista con compasión o con desprecio. En consecuencia, en el corazón de las mujeres se anida el miedo a la vejez, la soltería y la no maternidad, no vaya a ser que nos parezcamos demasiado a una bruja. Todas conocemos de sobra que sus finales no suelen ser felices. Sin embargo, esos miedos no son inevitables: podemos, con esfuerzo y tiempo, deshacernos de ellos para vivir más libres.


En definitiva, la Caza de Brujas es un hecho histórico con mucha más relevancia de la que habitualmente se le da. No se trató de un evento de histeria social, sino de un exterminio sistemático de las mujeres por los intereses de los diferentes Estados de Europa y Norteamérica que se extendieron a los lugares colonizados y que aun hoy en día tienen consecuencias, en especial para las mujeres pero también para la sociedad en general. Sin embargo, reconocer la raíz histórica y opresiva de los cánones y las expectativas que se tienen hoy en día de las mujeres, puede ayudarnos a liberarnos de las ideas preconcebidas que nos limitan para, finalmente, luchar contra el estigma de las brujas.

Todas nos convertiremos al final en mujeres arrugadas y quizá solitarias: depende de nosotras querernos como tal y abrazar la experiencia que viene con la edad, y crear círculos sororos de mujeres que nos liberen de la exigencia imposible de permanecer siempre jóvenes, siempre atractivas, siempre encadenadas.

Bibliografía


  • Calibán y la bruja, Silvia Federicci - recomendadísimo (aunque denso) libro que tenéis gratis en la web de Traficantes de sueños.

  • Brujas, Mona Chollet - sobre el impacto de la imagen de la bruja en la actualidad

  • Eugenia Tenenbaum - divulgadora con amplio conocimiento sobre historia del arte y las brujas

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