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Marfil (I): el machismo se disfraza de nuevo

Me jode tener que hacer esta reseña de un libro escrito por una escritora joven, cuando sé lo difícil que es escribir y además hacerse un nombre como escritora siendo mujer. Pero me parece más importante mantener e impulsar el espíritu crítico que ser políticamente correcta. No sé si se me ha notado esta faceta antes porque la verdad es que intento ver lo positivo de los libros y las series que reseño, y hasta este momento siempre había más de lo positivo que de lo negativo. Pero aquí… poco se salva, la verdad. Sé que no poseo la verdad absoluta, y menos en cuanto a feminismo, pero intentaré ser todo lo objetiva que pueda. Tened en cuenta que esto es meramente mi opinión, así que no me extrañaría que haya matices que se me han pasado por alto. Si no estáis de acuerdo os animo a ponerme vuestra opinión en comentarios para que podamos seguir hablando del texto y encaminándonos hacia una lectura más feminista.

Pero bueno, a lo que iba. Para mí este libro, desde la perspectiva feminista, es abismalmente contraproducente, y además el estilo deja mucho que desear. No tengo ninguna duda de que yo aún tengo cosas que mejorar en ambos campos, pero este libro me ha dejado a cuadros, en especial porque está publicado en 2019 (cuando ya había un movimiento feminista fuerte) y no es autopublicado, es decir, debería de haber pasado por una corrección de estilo y gramatical sí o sí.


Resumen de la trama


Marfil es una estudiante de economía, hija de un magnate latino, que vive en NY. Tras un secuestro inicialmente inexplicable, su padre decide ponerle un guardaespaldas, Sebastian. Ella cae locamente enamorada él al instante; le resulta irresistible. Él también está enamorado de ella, pero no pueden amarse libremente porque entonces él perdería su trabajo, algo impensable porque le encanta (y porque si les descubren le pegan un tiro). Tienen que ir enfrentándose a los intentos de asesinato hacia ella cada vez más violentos a la vez que se balancean sobre la fina cuerda de su pasión.


Portadas de los dos libros de la bilogía: Marfil y Ébano

Estilo


Vamos primero con lo más superfluo en cuanto a este blog: el estilo. Hay muchas frases mal escritas (hace referencia a dichos o frases hechas que aunque se entienden, no se dicen así), y también oraciones que directamente no quieren decir lo que ella intenta expresar. En muchas ocasiones afirma lo que es ya evidente para la lectora, pero a la vez se contradice en la misma frase, o unas páginas más allá. Las reacciones de los personajes son incomprensibles o inverosímiles en muchas ocasiones, en mi opinión. La verdad es que no recomendaría este libro meramente por estas razones, pero vayamos al tema que más nos concierne, el feminismo.


¿Amor u obsesión?


Creo que ya sabéis cuál de los dos conceptos aparece en este libro, aunque se disfrace con el nombre del otro. Sin duda alguna, todas las relaciones románticas que se describen en el libro son obsesión. De hecho, me preocupa que en muchas reseñas del libro las lectoras describan la trama como llena de “amor y acción”. En primer lugar, la acción para mí empezó al 75% del libro, y no os exagero. Puede que eso sea puramente cosa mía, puesto que el secuestro y las amenazas empiezan al principio del libro, pero es que la lectura no me generó ningún desasosiego hasta el final, de hecho me resultó una historia manida y repetitiva.

Y luego, respecto al amor, es que no hay por donde cogerlo. En cuanto te informas algo sobre el amor romántico, tema muy trillado en la actual ola feminista, se te desmontan los numerosos clichés que usa la escritora. Para empezar, enamorarse de una persona por su físico, no es enamorarse. Podríamos decir que es infatuarse, obsesionarse, desear a la otra persona, pero enamorarse no. De hecho no veo mucha diferencia entre la obsesión física que tiene Marfil por su guardaespaldas (obviamente luego se conocen, pero realmente no veo una relación profunda entre ellos, y mucho menos como para enamorarse tan rápido) y la que ella critica continuamente: la de los hombres que solo la quieren por su físico.

Aparte de esto, luego tenemos el tema de sacrificar la lógica, el trabajo, los límites, y, en resumen, la propia persona por otro. Esto no es amor, es la toxicidad del amor romántico. El primer paso para querer a otro es respetarle, y ella no tiene ningún respeto por él, como se demuestra cuando le manipula para tener sexo, por ejemplo. No le quiere, solo quiere que ceda ante sus encantos.


Esta es la primera trilogía que publicó la autora

Virginidad y violaciones


Marfil trata la virginidad como si fuese un virtud (que ella tiene). Ella, sin embargo, no es ‘pura’ (en el sentido patriarcal estricto), ya que ha tenido múltiples parejas con las que ha ‘hecho cosas’, aunque nunca haya llegado a tener lo que ella considera que es sexo (aquí podemos empezar con la diatriba de si manosearse y hacer sexo oral es sexo “de verdad” o no. Creo que ya sabemos la respuesta).

Esa idea ya desacreditada acerca de la virginidad le viene de su padre, un hombre ‘chapado a la antigua’. Aunque ella es consciente de que son prejuicios absurdos, le cuesta deshacerse de ellos. Este me parecería un tema muy interesante, puesto que nos pasa a todas las feministas con un tema u otro: sabemos que hay cosas, como por ejemplo la depilación, que nos vienen del patriarcado, pero no logramos desligarnos de ellas del todo. Desgraciadamente, me parece que toca el tema apenas por encima, y no le da la complejidad necesaria, y aún por encima promueve mitos, como que la virginidad es realmente comprobable.

Esta cuestión de la virginidad es uno de los ejemplos más claros de que Mercedes Ron pretende saber de feminismo, tiene cierto interés o ha absorbido alguna de las ideas feministas de las cuales es imposible no oír hablar, pero no tiene un conocimiento profundo de él, y en lo que al sexo se refiere, no parece saber demasiado, y mucho menos sabe cómo llevar la teoría a la práctica. Evidentemente, ella es libre de escribir lo que quiera, pero puesto que menta al machismo tanto en el libro, sería interesante que se informase más antes de escribir sobre él. Todas las feministas estamos en un constante proceso de aprendizaje y deconstrucción, por eso no quiero decir que Mercedes Ron no sea feminista, ni que no pueda aprenderlo. Pero sin duda este libro no es para nada una muestra de conocimientos feministas.

Con respecto a las violaciones, pasa un poco lo mismo. Señala muy bien el personaje malvado (Marcus) que va a intentar violar a Marfil, y le da un perfil muy siniestro, que deja claro que el tío no es de fiar y que su percepción de las mujeres es deplorable. Evidentemente, no todos los violadores son así, podríamos explicar que las violaciones en muchas ocasiones son ejecutadas por personas más cercanas, que no tiene por qué parecerte un psicópata desde el principio, que puede haber manipulación emocional, etc. Pero bueno, ella ha elegido este perfil de violador, manipulador en otros sentidos, que también existe. Sin embargo, me llamó la atención que asegura que ella vive en la zona más segura de NY porque está rodeada de ricachones, y piensa que ahí no la van a violar, cuando este personaje que intenta abusar de ella es multimillonario (y, por supuesto, *SPOILER* un narcotraficante). No parece entender que las violaciones no dependen necesariamente de tu estatus social: si eres mujer existe la posibilidad de que te violen, y lo que importa es la mentalidad de los hombres que te rodean, no el dinero que tengan. Evidentemente, existen otros factores que también van a entrar dentro de la ecuación de probabilidades (raza y clase, fundamentalmente), pero la condición con mayor peso para que te violen es que seas mujer.


¿Eres feminista si piensas ‘es que los hombres son así’?


En mi opinión, no. Un principio básico del feminismo es que el género es un constructo social, es decir, que la agresividad y el desprecio de los hombres hacia las mujeres es aprendido y no innato, y por lo tanto es mutable. Pero para cambiar esta actitud hay que luchar a nivel colectivo y no callarse a nivel individual.

Teniendo en cuenta que Marfil es una persona ‘molesta’, que no se calla lo que piensa, tendría sentido que si la tratan mal ella se queje (de hecho pasa mucho en el libro, incluso cuando la están tratando de forma normal, o incluso consintiéndola, o cuando la queja la puede poner en peligro). Con lo cual su actitud general hacia sus ex y los hombres que forman parte de su vida sexual no tiene sentido. Se limita a reiterar que los tíos son superficiales, que solo quieren su cuerpo y que no consiguen hacerla disfrutar. Siendo acorde con su personalidad, Marfil en estas interacciones exigiría un cambio o simplemente ignoraría a los hombres al 100% en el ámbito romántico-sexual, puesto que ella no obtiene nada a cambio. Sin embargo, en la historia, el género gana a su fortaleza: ella asume que los hombres son así y en lugar de exigir que la traten mejor, con respeto, los tolera y los trata con la misma indiferencia.

Habrá personas que piensen que es su forma de salir ganando pero, en mi opinión, ocurre todo lo contrario. Ella entra en su juego y les da lo que quieren, el consumo desapegado y falto de respeto de su cuerpo, sin que ellos ‘aprendan’ nada de ello o tengan que modificar su actitud hacia las mujeres. Ellos reciben lo que iban a buscar y ella se queda igual que si no se lo hubiese concedido. Que conste que entiendo que esta situación es complicada para las mujeres heterosexuales; yo, aunque soy bisexual, he estado muchas veces en su misma posición y no siempre he pedido lo que quería, y a veces ni sabía que era lo que faltaba en la relación que estaba teniendo. Sin embargo, no podemos dejar de señalar esto desde el feminismo (y la sororidad), puesto que si nos limitamos a tolerar, nuestra situación en las relaciones con hombres, ya sean sexuales o no, nunca cambiará, y de hecho las relaciones se volverán más deshumanizantes si optamos por el modelo masculino.


Y esta es la última trilogía que ha publicado

La mujer fatal: parece feminista, pero no es más que patriarcado retorcido


Marfil es el ejemplo perfecto de mujer fatal: es bellísima pero fría como el hielo. Trae locos a los hombres debido a su atractivo y todos quieren su atención (algo que ha enfrentado a las mujeres durante siglos), pero su poder reside en su físico (algo que es mutable con el tiempo, también centro de la socialización femenina y, de hecho, no lleva consigo ningún poder real). En principio parece que ella juega con ellos como quiere. Sin embargo, en el fondo ella está obligada a bailarles el agua, puesto que ellos son los que tienen el poder: el dinero, la fuerza física e incluso el control de sus movimientos. Aquellos a los que pretende expulsar de su vida demuestran que eso es imposible a no ser que ellos quieran, puesto que puede ser todo lo atractiva que quiera, pero no tiene poder suficiente como para deshacerse de ellos.

Por supuesto, cuando llega el hombre ‘bueno’ ella cae rendida y es incapaz de escapar de la obsesión (y el poder romántico) que él ejerce sobre ella. Él es el que realmente marca el paso de su relación, porque ella está tan locamente ‘enamorada’ que no puede controlarse: se ha vuelto una marioneta en su propio juego. Hay mucho más que analizar sobre el tópico de mujer fatal, pero por ahora voy a dejarlo aquí porque sino la reseña se me va a hacer un ensayo.

Me gustaría aclarar que puede ser que la autora haya escrito todo esto intentando hacer una crítica de los conceptos y situaciones que aquí detallo, pero si es así, o mi comprensión lectora es deleznable, o su calidad como escritora es muy pobre, porque no he visto ironía, moraleja, ni plot twist feminista por ningún lado.


¿No hay absolutamente nada feminista?


Sería exagerado afirmar que no hay nada feminista en el libro, aunque mi interpretación de estos momentos (semi)feministas es que ocurren por casualidad, o de manera muy forzada. Me explico.

En un momento de la novela aparece en la trama la ex de Sebastian. Esta mujer está claramente enfadada con el guardaespaldas y advierte a Marfil de que es peligroso, que debería alejarse. Es un retrato de la ex ‘loca’ que tan bien conocemos. Sin embargo, Marfil la toma en serio, aunque evidentemente le gustaría pensar que Sebastian es el mejor de los hombres, y le pregunta acerca de ella, de su relación y de por qué le acusa de ser peligroso. Es decir, la toma en serio. Este es para mí el momento más naturalmente feminista. Aunque probablemente Marfil la toma en serio porque encaja con la trama, no me suena forzado, y es un momento de sororidad que a día de hoy puede sembrar un ejemplo muy bueno para las mujeres que tengan la suerte de ser advertidas por las ex de sus parejas de que se alejen de ellos. Si él os dice que están locas, desconfiad. Y además, informaros sobre las dinámicas de gaslighting y maltrato psicológico, porque aunque a veces parezca que las exnovias realmente sí que están reaccionando de forma exagerada, rara vez no hay un historial de manipulación detrás que lo explique mejor que un simple ‘loca’.

Otro momento feminista sería cuando Marfil no se deja manipular cuando Sebastian le dice que se lio con ella porque ella le hace perder la cabeza con ese cuerpazo que tiene. Ella deja muy claro que la responsabilidad de sus actos es cosa de Sebastian y que no vale la escusa tan manida y estúpida (y además justificación de numerosas violaciones) de que ella es irresistible. Todo el mundo se puede resistir a un cuerpo, que no os la cuelen.

Estos son los que me parecieron más naturales. Pero hay más, aunque como os explicaré a continuación me parece que estos momentos feministas al final lo que consiguen es disimular y justificar los micromachismos que son más que abundantes en la novela.

El machismo que Marfil identifica como tal es tan evidente que de verdad que suena forzado, como aprendido de memoria en lugar de verdaderamente comprendido. Para que un libro sea feminista no es necesario que señale el machismo continuamente (y de hecho, en mi opinión, queda mejor si no lo hace, sino que directamente libera a las mujeres del yugo sin marcarlo con un ‘esto es feminista’). Es decir, no hace falta que cuando el padre le dice ‘es que no lo entenderías porque eres mujer’ ella le grite que es un machista, y continuamente lo reitere a lo largo del libro. Y lo mismo con Marcus. Creo que todo el mundo sabe que las violaciones y el desprecio hacia el conjunto de las mujeres es machismo puro y duro, otra cosa es que quien quiera que lea el libro piense que eso está mal. Repetirlo una y otra vez se hace cansino, antinatural. Entiendo que habrá algunas personas que sigan diciendo comentarios de este tipo, pero usualmente el machismo (al menos en mi experiencia) es mucho más sibilino, más difícil de detectar.

Precisamente porque en mi opinión Mercedes Ron no llega realmente a comprender qué es el patriarcado, que el machismo nos rodea por todas partes y que no hay gente machista y gente que no lo es (malos y buenos), sino que todos y todas lo somos a niveles distintos, ese machismo más sutil e igual de peligroso –destroza tu autoestima, te pone en situaciones de peligro, te limita la existencia, y además es muy difícil de distinguir– es el que se le cuela en la historia todo el rato.

Pongo ejemplos: las asociaciones tóxicas de género que hace (hombre = fuerte, controlador, impenetrable = deseable y mujer = desprotegida, débil, bella). Estas asociaciones hacen que las mujeres absorban que lo positivo es mostrarse vulnerables y sumisas en lugar de enfrentarse a las situaciones adversas o a los hombres que las violenten, o que directamente no vean que un hombre las está maltratando porque confunden control con amor. El amor romántico como amor verdadero y deseable reproduce lo mismo que lo anterior. Poner a los hombres ‘buenos’ como expertos del deseo femenino mientras que las mujeres son completamente ignorantes de su propio cuerpo y del de ellos, aliena a las mujeres de su cuerpo y lo hacen territorio de disfrute masculino en lugar de herramienta de placer femenino en primera instancia.

Además hay otro nivel de peligro en esta historia al combinar feminismo y machismo de esta manera. Tanto Marfil como la autora asocian el machismo rancio con los malos (el padre de Marfil y Marcus, el magnate y violador) y lo señalan todo claramente, tanto su maldad como su machismo. Sin embargo, el machismo sutil o los micromachismos, podríamos decir (aunque a veces no son tan micro) quedan asociados con los buenos de la historia (su mejor amigo Liam y su amor Sebastian*) y les pasan casi todas las mierdas que dicen. Si acaso, Marfil expresa el comentado ‘bueno, es que son hombres, qué se le va a hacer’. Con lo cual marca este machismo, que corresponde a los primeros escalones en la pirámide del patriarcado, como algo tolerable, sin tanta importancia.

En fin, es muy cutre marcar a los ‘malos’ así y a los ‘buenos’ dejarles que se salgan con cosas que a mí me parecen también súper dañinas. De hecho, es esta asociación la que me parece más peligrosa de toda la novela.

*Podría parecer que Sebastian no es un personaje simple que se pueda clasificar de inmediato como el bueno. Aunque esto es cierto al principio, en seguida nos hacen apiadarnos de él de dos maneras. Primero, nos cuenta parte de la historia desde su perspectiva y vemos que el pobre está sufriendo porque sí que le gusta Marfil, pero no puede ceder ante sus impulsos. En segundo lugar, nos explica su duro pasado, intentando que empaticemos con él y que le veamos como víctima de sus circunstancias, haciendo que pase de cabrón a un pobre hombre que lo hace lo mejor que puede. Por supuesto que entender el pasado de una persona es importante para entender su personalidad y las cosas que le afectan, pero esto ya nos categoriza a Sebastian como un (micromachista) bueno.

Finalmente, os dejo el link de la segunda parte de la reseña, por si queréis ver ejemplos extraídos del libro acerca de lo que he comentado aquí.


Valoración final

Evidentemente, podéis hacer lo que queráis, pero mi opinión es que este libro no merece la pena. Yo la segunda parte la dejaré para nunca.


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