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Nola Darling (la serie) - del erotismo a nuestro tiempo

Hace ya unos meses hablé de la película “Nola Darling” (“She’s gotta have it” en inglés), del director Spike Lee. Hoy vengo a hablaros de la nueva versión de la película, en formato serie y a color. Hablo de ella en segundo lugar primero porque es una versión de la primera, y segundo, porque me parece peor. Que no mala, simplemente peor, porque es difícil superar la buena impresión que me causó la película.


Breve recordatorio de la trama


Nola es una mujer que no puede encontrar el amor con un solo hombre. Durante la película vemos cómo el resto de personajes intentan reducirla a la dimensión de mujer que ellos entienden, pero ella, aunque flaquea, consigue aceptarse tal y como es. A lo largo de la historia se nos presenta un dilema muy interesante: cuando los hombres son incapaces de amarnos sin condiciones, sin límites a nuestra persona (que no se ponen a sí mismos), ¿cómo puede una mujer heterosexual encontrar un compañero sin renunciar a ella misma?

La trama general de la serie va por el mismo camino en la primera temporada, aunque da espacio a desarrollar otras muchas subtramas que también son muy interesantes, como veremos a continuación. En la segunda temporada, se desvía algo de la trama sentimental y se centra en el dilema de la profesión y creación artística.


Preciosa imagen de la protagonista como ella se dibujaría

Opinión general de la serie

Aunque la película me gustó más por la caracterización de la protagonista (Nola) y por las tecnicalidades del rodaje (me parece que es más poética, no es más importante el mensaje que el arte, sino que ambos han de ser equiparables en cuanto a calidad), la serie es más larga, claro, y deja más espacio para desarrollar ciertos temas aparte del dilema de las mujeres heterosexuales en su búsqueda de una pareja decente. Sin embargo, me pareció que los personajes eran menos profundos (quizá igual de profundos que en la película, pero en esta daba la sensación de que eran redondos, mientras que en la serie, puesto que no se desarrollan mucho más a pesar de que la longitud es mucho mayor, dan la sensación de ser más planos), y no me gustó tanto el personaje de la nueva Nola. Parecía mucho más madura en la peli. Al llegar a la segunda temporada, empezamos a ver la evolución que se echaba de menos en la primera, y yo me reconcilié con algunos de los personajes: Greere resulta ser un gran amigo, y Mars parece empezar a alcanzar la madurez ya al final de la serie. Shamaka y Clorinda también empiezan a cambiar más al final, cuando se dan cuenta de que la forma en la que estaban viviendo y viéndose a sí mismas les estaba haciendo daño.

También me gustaría destacar algo que sé que a muchas personas les irrita. En la película, parecía que el director intentaba contarnos una historia y que dentro de esa historia, escondida, estaba la política, porque siempre está. En el caso de la serie, me pareció al revés: había temas políticos de los que hablar, y la trama era la escusa mal disimulada para hacerlo. Personalmemnte, no me gusta nada ese abordaje porque siento que me están educando de manera algo paternalista, o intentando colarme su ideología (aunque esté de acuerdo) “sin que yo me dé cuenta”, pero de manera tremendamente burda. Al final esto se traducía en una sensación de cringe al final de la mayoría de los episodios.

Algo que merece la pena destacar, puesto que la reseña se encuentra en una web de erotismo, es la poca calidad (a mí parecer) de las escenas eróticas, algo que, si habéis leído la reseña de la película, es especialmente sorprendente porque ahí eran maravillosas. Las han transformado en lo que se espera ver en pantalla hoy en día: escenas mecánicas, cómicas, a veces ridículas, la mayoría puramente animales. No eran eróticas, eran más bien pornográficas. Me parece una pena que habiendo conseguido algo tan bonito antes, se haya sucumbido a la presión de una sociedad pornificada que no le da la profundidad que tiene al sexo, por muy “animal” que sea.


Subtramas de la serie


Gentrificación

La serie es un claro tributo no solo a la película, sino también al antiguo Brooklyn, el que aparece en el rodaje en blanco y negro. Por si no lo sabiáis, Brooklyn es uno de los barrios que ha caído víctima de la gentrificación, un fenómeno con el que estamos teniendo que lidiar también en España. La gentrificación es un proceso que ocurre cuando los “malos” barrios son renovados (algo que en principio parece bueno), lo cual desencadena que gente con mayor poder adquisitivo pueda mudarse a ellos por un precio asequible, pero imposible de pagar para las personas que antes vivían ahí y que tienen ingresos menores. En otras palabras, se trata de un destierro al estilo capitalista. Si queréis entender por qué algo que en principio parece positivo (remodelar partes mal cuidadas de una ciudad) tiene consecuencias nefastas, en la serie se visualiza muy bien.


Relaciones con otras mujeres

No sé si esto sería otra subtrama, o una trama extensa de la serie, pero sin duda es una diferencia con la película. Aquí se le da más espacio a desarrollar las relaciones de Nola con otras mujeres: con sus amigas, con su madre (¡una crack!) y con su pareja, Opal. Sin embargo, algo que no me llegó a convencer del todo es que, siendo Nola poliamorosa sin tapujos, de repente se vuelva monógama al empezar su romance con Opal. ¿Es porque es la única mujer con la que ha salido? Hay un millón de razones por las que podría pasar a ser monógama, y puede ser que gente poliamorosa pase por fases donde solo tienen una pareja, pero esto no se explica en la serie, y siendo como es Nola, creo que hubiese sido un buen punto darle algo más de contexto.


Nola con su novia Opal

Acoso callejero

En el primer episodio ya tratan este tema: hay una serie de personas que aparecen lanzando “piropos” como si se dirigiesen a una mujer. Genera una sensación de rechazo muy clara, está muy conseguido. Lo único que me pareció bastante torpe es que aparecen mujeres también en el lado de las agresoras, cosa que a mí entender es muy poco realista. En caso de que hubiese alguna mujer que lo haga, cosa que dudo (especialmente por la calle), no es un hecho sistémico, y es poco probable que asuste tanto porque 1) probablemente la mujer sea más débil que la persona que recibe el “piropo” si es un hombre y 2) no hay una cultura al completo (cultura de la violación) que ampare e incentive ese comportamiento por parte de ellas, ni que las proteja si es que acaban por violar a alguien (algo, de nuevo, bastante improbable).

Dejando eso a un lado, pocas veces he visto un análisis tan detallado de los efectos que tiene en las mujeres el acoso callejero. Cuando Nola lo sufre, nos deja acompañarla a sus sesiones de terapia, abriendo una ventanita a todo lo que provoca nuestra situación de peligro constante. Además, como reacción, hace una campaña vandálica contra el acoso callejero, que va ganando notoriedad y es además un eje central en su desarrollo y une con otros temas de especial relevancia en la actualidad, como la apropiación de movimientos sociales por parte de las empresas, y la tergiversación de los mensajes para hacer los productos “más consumibles” para el público general, que quiere creerse revolucionario sin realmente cambiar nada.

Un mensaje de esta parte con el que me quedaré por siempre es “los hombres tienen que madurar”. Efectivamente, tienen que aprender que para sus actos hay consecuencias. Me gusta además que no dice que hay que enseñarles, sino que ellos han de crecer por su cuenta.

Como apunte final, es también muy interesante ver cómo Spike Lee conceptualiza la mirada masculina vs la femenina alrededor de un vestido que se compra Nola. De una manera o de otra, los hombres siempre acaban objetificando su estética, mientras que las mujeres, aunque están valorando su cuerpo igualmente, no lo hacen.


Operaciones estéticas: ¿empoderamiento o misoginia interiorizada?

Se trata con bastante profundidad y sin dogmatismos el dilema de cambiar el cuerpo como liberación (de nuestras inseguridades) vs como ajustarse al canon patriarcal: agradar para poder vivir a gusto, en lugar de empoderar. Shameka, una de las amigas de Nola, sabe que las mujeres atractivas ganan más dinero en el club donde ella trabaja, porque bailan. Sin embargo, le insisten por todas partes (también el jefe del club) para que no se ponga culo. Es un ejemplo perfecto de la pose feminista que no va más allá de eso: si no quieres que sintamos la presión por encajar en el canon de belleza, no lo alimentes con tu negocio, ¿no?

Ya en la segunda temporada abordan la contraposición de seguridad en una misma vs empoderamiento. Es la propia Shameka la que llega a la conclusión de que no son lo mismo, aunque ambas sean importantes. Confundirlas solo nos llevará a problemas. El empoderamiento acaba con el régimen patriarcal porque le da conocimiento a las mujeres, les da redes de apoyo, puestos de poder y representación. El empoderamiento es, por tanto, necesariamente colectivo, puesto que no se puede lograr solo porque una mujer esté en un comité, o sepa que el patriarcado existe. La seguridad es algo individual, y aunque puede ayudar a generar el clima para el empoderamiento femenino, no lo provoca automaticamente. Podemos estar seguras de nosotras mismas (o de ciertos aspectos de nosotras mismas) si encajamos perfectamente en el canon patriarcal de belleza y sumisión (de hecho así es más fácil), mientras que nuestro empoderamiento ha de salirse necesariamente de esas normals, puesto que nos quieren sumisas, desvalidas e ignorantes.


Feminismo blanco

Me pareció muy bonito y muy sabia la visión de Greere sobre este tema: se trata básicamente de tener paciencia con aquellas personas que no han experimentado tu situación, porque el saber requiere tiempo. Es decir, las feministas blancas han de educarse sobre antirracismo, pero eso no debe dividirnos de manera absoluta e irreconciliable. Le recuerda además a Nola que el antirracismo tampoco va siempre de la mano del feminismo; si vamos a reprochar una cosa, debemos reprochar también la otra.


Nola con su amiga Clorinda

Las dificultades de ser artista (comprometida)

El arte y la vida de la artista es un temazo en esta serie. Hablan de todo: de lo que cuesta pagar el alquiler cuando eres creadora, de la tentación de “venderse”, y de cuando crees que no lo has hecho y de repente le dan un giro a tu obra que tira su mensaje por la borda.

Hay un debate super interesante ya al final sobre si el arte ha de ser bello, sanador y responsable, o si se pueden crear cosas llenas de dolor que molesten, que no sean bellas, pero que educan (potencialmente). De nuevo aquí nos dan las dos versiones, y hay muchas opiniones a favor y en contra para que cada una se haga su idea.


Conclusión

Para resumir, lo que más me ha gustado de la serie no ha sido la creación artística ni la actuación, ha sido lo bien estructurada que estaba para presentar siempre las dos caras de la moneda de cualquier tema, con argumentos a favor y en contra, matices, teoría vs. práctica, y soluciones alternativas.


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