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  • lipsclementine

Un cuento perfecto... para bostezar

Hace ya meses que me leí este libro, pero hasta ahora no me he puesto a reseñarlo porque, sinceramente, me ha dado mucha pereza. No soy especialmente fan de la escritura de Elisabet Benavent, aunque la admiro por escribir escenas explícitas cuando eso aún era tabú, y por hacerlo con un toque que en su momento fue un giro de tuerca tremendo por centrar el deseo femenino (con mirada masculina aún) en sus historias. Sin embargo, el aura feminista que se insinúa especialmente en Valeria, ha ido estancándose y quedándose atrás respecto a los cuestionamientos feministas de la sexualidad.

Además, este libro en concreto es tremendamente aburrido, pero ya llegaremos a eso. Lo que sí diré es que si queréis leer a esta autora, leed cualquiera de sus otros libros.


Trama

Es una historia de amor normal y corriente. Los dos protagonistas, Margot y David, tienen parejas con las que la cagan, pero con las que quieren volver. Sin embargo, sus caminos se cruzan, y lo que empieza por ser un experimento para poder recuperar a sus exparejas acaba siendo un romance fugaz en un viaje a Grecia. El final de la historia ha recibido muchas críticas. Me sumo a ellas. Es un giro original pero que está mal llevado y que además, por ser la historia completamente previsible, irrita. Parece un intento desesperado por salvar una historia completamente anodina y predecible.

Ahora empezamos con lo bueno: la crítica feminista. Voy a ir por partes, porque tiene tela, aunque en general toda gira en torno a uno de los personajes: David.


David


David es el típico “chico bueno” que en realidad dista mucho de tratar a las mujeres con el respeto que cree que les profesa. Trata bien a las mujeres que le bailan el agua, y aun así, no se corta ni un pelo en insultar a Margot, a la mujer de su mejor amigo y a su ex usando palabras como “zorra” o “hija de puta”. Cada vez que lo soltaba me daba un infartito. Creo que he perdido años de vida.

Es un crío. No sabe tomar responsabilidad de su vida, y aunque esto es así al principio claramente para poder construir el arco evolutivo del personaje, acaba siendo cansino porque el libro es exageradamente largo para la simpleza de la trama y de los personajes, que de repente evolucionan muy al final de manera, a mí parecer, artificiosa. Confunde además el respeto por parte de Margot con que sea su madre porque le dice cómo tiene que vivir. De verdad, durante todo el libro pensé: este hombre no tiene treinta y tantos años, tiene quince. Y eso incluye su actitud frente al sexo, que es, cuanto menos, anti-sexy.

¿Qué más hace? Se mete en la ducha con Margot una segunda vez llamándola “loca”, a pesar de que ella le ha dicho que NO quiere que lo haga. Después dice “me gritó como si me hubiese advertido ya varias veces”. No sé si estaba en una realidad paralela, o si igual es que se tenía que limpiar la cera de los oídos. Además hace hincapié en que la respeta cuando comenta el atractivo de su cuerpo. A ver, si sientes la necesidad de disculparte por hacer un comentario sobre el físico de otra persona, igual es que deberías quedarte callado y ya está. Porque diré otra cosa: David no respeta a las mujeres, solo quiere que le hagan caso.

Luego, supongo que en un intento de darle profundidad al personaje, este reflexiona sobre la toxicidad del amor romántico y dice que “el amor siempre ha sido un juego de poder”. Ahora, aplicarse la teoría, eso ya para otro día, mejor quedar como un pobre hombre que solo quiere amar sin jerarquías. Uf.


La portada del libro

Analicemos bien cómo trata a su ex, porque como sabemos bien todas las feministas, este parámetro es un claro indicador de lo que te vas a encontrar con una persona una vez estés en una relación. Idoya, su ex, es la definición de “mujer fatal”, que también sabemos es un arquetipo patriarcal que parece en un principio ser feminista. Si queréis indagar más sobre el tema, Eugenia Tennenbaum es una referente a consultar. El caso es que él es completamente dependiente de ella sin que ella le fuerce a serlo, es una cuestión puramente basada en su físico lo que le hace “perder la cabeza”, y poder caracterizarla de fría y mala porque ella no quiere acceder a los términos de la relación que él quiere establecer. Porque quiere ser independiente y que él lo sea también. De hecho, en la ruptura, ella le critica por ser inmaduro y dependiente, y él, en lugar de hacer un momento de autorreflexión la llama “hija de la grandísima puta”. Menos mal que “la quería”. Os podéis imaginar que Idoya es desde el principio la mujer mala malísima a la cual se contrapone Margot, una mujer buena buenísima según el propio David.

Se ve claramente que Idoya es un trofeo para él. No sé si Benavent estaba intentando caricaturizar a este prototipo de hombres, pero a mí no me dio esa impresión en el libro. Más bien me pareció que pretende hacernos empatizar con él y que pensemos, “ay, pobrecito, con lo bueno que es, pero es que no ha aprendido todavía”. Coño, pues tiene 30 tacos, ya podría madurar él solito en lugar de sorberle la vida a las mujeres de su alrededor. Dice en un momento que quería “darle hijos” a Idoya. Pero vamos a ver, tú no le das nada a nadie, los hijos son tuyos también. Como veis, le cogí cariño.

Peeero, David tiene un momento pseudo feminista que la verdad no sé a cuento de qué venía, y es posible que esto sea lo que más me molesta. Como si nos la intentasen colar. Digo pseudo porque le queda bastante paternalista, en especial porque ya hemos visto que él a las mujeres no les tiene especial respeto. Le dice a la hija de su mejor amigo que “va a comerse el mundo” en lugar de decirle que “es una princesa”, como se encarga de subrayar la autora en la narración para que no nos pase desapercibido lo feminista del momento. Me dio cringe, la verdad.


Margot


Sobre Margot hay menos que comentar porque es bastante insulsa, no deja huella ni para bien ni para mal. Se ve presionada por sus padres y no sabe cómo escapar de esa situación, algo con la que muchas podríamos identificarnos si la trama estuviese bien llevada. Al final consigue plantar cara e incluso explicarle a su ex por qué le deja y qué cosas estaban mal de su relación. Aunque menciona que él siempre se preocupaba de que ella disfrutase, algo que me pareció dulce que remarcase. Porque sí, a día de hoy aún hay que remarcar eso en un hombre. Esa conversación es quizá la única parte del libro que me pareció bien llevada, profunda y con matices.

Algo que me resulta preocupante es que a pesar de poder analizar las cosas que iban mal con su ex, y poder identificar a los señoros de su empresa como tal, se acaba enamorando de un idiota que es bastante peor que ese ex suyo. No digo que tenga que volver con él si no quiere, claro, pero me resulta extraño que habiendo adquirido perspectiva crítica no sea capaz de ver lo terrible que sería para ella salir con David. Pero bueno, también queda claro que todos los personajes de la novela son bastante superficiales y que se enamoran por el físico, así que puede ser que la perspectiva crítica la adquiera cuando se le pase el flechazo inicial.


Otras cuestiones


Hay otras cosas que también cabe destacar que van más allá de los personajes.

La obsesión con la belleza femenina de la historia, evidentemente feminista no es. Además normaliza el acoso del tío de David a su hermana, en concreto normaliza que éste le dé una palmada en el culo a la chica. Tengo apuntado también la siguiente frase: no existe la insistencia educada. La verdad es que como hace bastante tiempo que leí el libro no sé exactamente de qué estaba hablando, pero creo que se trata de un tema general en el libro, ejemplificado arriba por la escena de la ducha en la que David le insiste a Margot para que le deje pasar también. Y me parece importante resaltarlo: si tú ya has dicho que no a algo, y otra persona te sigue insistiendo, aunque te lo esté pidiendo por favor, no está siendo educada. Ser educada sería aceptar tu negativa y dejarlo para otro momento, como mínimo. Y si estamos hablando de sexo, ya sabemos lo que es sexo con coacción (la insistencia es un tipo de coacción), ¿no?

Y ya, por último, en ciertos momentos me pareció bastante irrespetuosa hacia las personas con enfermedades mentales.




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